
Los yanquis son los brasileros
Rubens Ricupero
El presidente de Ecuador anunció una renegociación con Petrobrás y sus asesores insinúan que el contrato puede ser anulado. ¿Será un hecho aislado, explicado por las circunstancias? ¿O será parte del patrón que se repite en todos los movimientos radicales en el poder en América del Sur? La tendencia tuvo un corte ruidoso en 2006, con el anuncio de la nacionalización del gas y de las refinerías de Petrobrás en Bolivia. Desde entonces, confirmados o no, los sustos originados en el país vecino nunca se interrumpirían: se expulsó a una siderúrgica privada, anulación de contrato con constructora, amenazas a "fazendeiros" brasileños, alusiones al pasado de Acre, resistencia a la construcción de hidroeléctricas en el río Madeira, quejas contra el tratamiento a inmigrantes bolivianos, multas millonarias a Petrobrás por delitos negados por la compañía.
La lista es apenas ejemplificadora y no pretende negar que el gobierno de La Paz pueda tener razón en algunas de estas situaciones. La siderurgia por ejemplo se transfirió para Mato Grosso do Sul, donde estaría devastando la mata nativa para hacer carbón. El crimen ambiental era justamente el que censuraba la empresa a las autoridades bolivianas, más celosas que las nuestras del ambiente. En Paraguay, no soy el favorito en las investigaciones electorales, mas amplios sectores de opinión quieren subvertir las bases de Itapú, proyecto con treinta años de vida. Lo curioso es que en lo más radical de los sudamericanos, Venezuela, se ha evitado hasta ahora el choque de intereses con Brasil, sin embargo ahora son notorias las dificultades entre la petrolera PDVSA y Petrobrás. El patrón acá es más indirecto y subrepticio. A medida que se enfría el relacionamiento entre Chávez y Lula, tornando raras las visitas y conversaciones, la acción del venezolano esta haciendo mas incómodo el entorno sensible de Brasil.
Los Municipios y hasta los cuarteles de Bolivia y de Paraguay de repente se ven ahogados por cheques de petrodólares bolivianos. Decir esto no tiene nada de malo, el punto es que se está pasando de ayuda desinteresada a la búsqueda natural de prestigio e influencia. Pero, ¿hasta los cuarteles paraguayos? ¿No habría prioridades más obvias o menos provocativas? La radicalización de la política sudamericana hizo a Brasil despertar en una verdad desagradable: en algunos países, los yanquis son los brasileros. La presencia brasilera siempre dependió de la acción del Estado, directa (Itapú, Petrobras) o indirecta (constructoras financiadas por BNDES, Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social).
En el momento en que líderes radicales reescriben las instituciones y redefinen el orden socioeconómico, Brasil descubre que forma parte del status quo en respuesta. El cambio puede venir en nombre de las masas excluidas. Y no por eso es menos confortable para los brasileros. El gobierno brasilero no es culpado de las tendencias de la historia. Salvo por algunos aprendices de "hechicero en diplomacia": favorecerán la subida de Chávez y Morales y estimularán nuevas agresiones por la incapacidad de defender los derechos nacionales.
Las consecuencias son de dos órdenes. Por un lado, desaparecerán las condiciones para proyectos de integración energética y hasta los existentes corren peligro. Por otro, la región vital, la única en la que Brasil tiene influencia directa, se ha transformado en un campo minado. La diplomacia no funciona y hace agua por todos lados. ¿Itamaraty conseguirá cambiarla cuando ella continúa dominada por los aprendices de brujos?.
Rubens Ricupero es director de la Faculdade de Economia da Faap y del Instituto Fernand Braudel de São Paulo. Publicado en Folha de Sao Paulo. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos. Traducido por D3E.
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