
Rocío Lapitz
Las
sucesivas crisis económicas que han ocurrido en América Latina redujeron
significativamente las inversiones públicas en áreas como la salud, educación,
infraestructura, energía, etc. Paralelamente, la necesidad de cumplir con los
compromisos de la deuda externa y las metas de superávit fiscal, que en
especial promueve el FMI, hicieron que esas inversiones se redujeran aún más.
Por
lo tanto, las naciones Latinoamericanas se enfrentan una vez más a la necesidad
de aumentar sus inversiones en áreas críticas, como carreteras y energía, y
los recursos disponibles son actualmente muy acotados. Como reacción ante este
problema en los últimos meses se han sucedido varias iniciativas. Por un lado,
los presidentes N. Kirchner de Argentina y “Lula” da Silva de Brasil,
firmaron en marzo la Declaración de Copacabana que propone la flexibilización de la
forma en que los proyectos de infraestructura son medidos en las cuentas
fiscales. Los dos jefes de Estado apuntaban al FMI buscando que los gastos en
obras públicas no sean contabilizados en las metas fiscales acordadas por los
países con el fondo. Unas semanas más tarde, en la reunión anual de los
Gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), nueves países
firmaron la Carta de Lima
apuntando en el mismo sentido.
Cada
vez está más claro que es importante mantener y ampliar la infraestructura
para permitir el desarrollo nacional. Recientemente diversos problemas han
dejado eso muy en claro; por ejemplo, la crisis de energía en Argentina que
limitará las expectativas de crecimiento económico, o las insuficiencias
carreteras en Brasil que acota el transporte de productos de exportación. Las
inversiones en infraestructura permitirían mejorar tanto aspectos económicos
de los países, principalmente en el arreglo de caminos y telecomunicaciones en
los países latinoamericanos, como los aspectos sociales, por ejemplo el acceso
a los servicios de salud.
La
respuesta del fondo
La expectativa se centraba
entonces en la reacción del FMI ante estas presiones. Es así que al tiempo de
ls llamada “reunión de primavera” del fondo y el Banco Mundial, Teresa
Ter-Minassian, actual directora del Departamento de Asuntos Fiscales del FMI,
presentó un informe analizando los aspectos positivos y negativos en esta
cuestión. Su reporte, “Inversión Pública y Política Fiscal”, reafirma
que se mantiene el foco en el equilibrio total y la deuda pública como base
para el análisis de la política fiscal, pero se considera que algunas medidas
de flexibilización en el cálculo de las metas fiscales serán tomadas en un
sentido que promuevan las inversiones productivas.
Este
estudio demuestra que si bien la inversión total en los países
latinoamericanos se ha mantenido estable, la inversión pública ha declinado
constantemente. A juicio del fondo la caída de la inversión pública ha sido
compensada por los aportes privados. El estudio admite que es pertinente
preocuparse por una disminución de la inversión pública con respecto al PBI,
lo que podría tener consecuencias adversas para el desarrollo de mediano y
largo plazo. Pero a su juicio la evidencia empírica es poco concluyente. El FMI
sostiene, en primer lugar, que es muy difícil controlar los factores, además
de la inversión pública que afectan el crecimiento de largo plazo. En segundo
lugar, una porción importante de la inversión pública se dirige a apoyar
amplias funciones del gobierno, incluyendo la redistribución y la disposición
de los servicios sociales, incluso se deriva en gastos de la propia administración,
que no tienen ningún potencial productivo. Por último, el informe hace
referencia a que las inversiones en infraestructura que se han realizado, en
caminos, telecomunicaciones, etc, presentan un retraso importante.
A
pesar de todas esas salvedades, el reporte del FMI admite que hay evidencia que
corrobora que la inversión pública ha disminuido, en algunos casos, por causa
del ajuste fiscal –justamente el punto de la crítica de Kirchner y Lula. Además
existen estudios empíricos que demuestran que fueron esas reducciones de las
inversiones en infraestructura las que derivaron en un fuerte impacto negativo
en la tasa de crecimiento. Las estimaciones muestran una caída de la
infraestructura en la década del noventa, lo que en el
mediano y largo plazo redujo el crecimiento en el orden del 3% por año
en Argentina, Bolivia y Brasil, mientras que cayó entre 1,5 y 2 % en Chile, México
y Perú.
El
informe concluye con una serie de medidas que deberían ser discutidas en el
seno del FMI, tales como cambios en la base impositiva, la promoción de
asociaciones público – privadas, etc. Más allá de estas medidas puntuales,
el tono del informe del FMI podría resumirse en que no rechaza la posibilidad
de los efectos negativos de una caída en la inversión debido a los compromisos
de los ajustes fiscales. Pero más allá de cualquier evidencia, el fondo vuelve
a caer en sus creencias fundamentales: se advierte que “los beneficios
potenciales” de los cambios de asignación contable de las inversiones
“quedan superados por los riesgos para la estabilidad macroeconómica y la
sostenibilidad de la deuda”. En otras palabras, el pedido de los gobiernos
Latinoamericanos podría tener beneficios pero son mucho mayores los riesgos
económicos.
Por
lo tanto, las medidas concretas más evidentes a las que apunta el FMI se
reducen a emprender estudios experimentales de modificación de indicadores
fiscales y sus consecuencias. Brasil fue seleccionado para uno de esos proyectos
pilotos. Sin embargo, A. Krueger, directora gerente en funciones del FMI,
advirtió que aun falta un consenso internacional sobre este asunto. Incluso
recalcó que el informe “Inversión Pública y Política Fiscal” se
condicionaba la aceptación de la propuesta a que los países aseguren la
factibilidad comercial de los proyectos.
R. Lapitz es analista de información en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología, Equidad América Latina). Este artículo es un adelanto de uno más extenso que será publicado próximamente en Tercer Mundo Económico. Publicado el 24 de Mayo 2004. Se permite la reproducción del artículo con la condición de citar la fuente de origen.
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