
OMC: REPERCUSIONES DEL COLAPSO DE LA MINI - MINISTERIAL
Javier Echaide
Las negociaciones quebraron en Ginebra. Pudo así evitarse un acuerdo
desequilibrado en Acceso a los Mercados No Agrícolas (NAMA por sus iniciales en
inglés). Fue una semana muy dura de negociaciones y había mucha presión sobre el
grupo NAMA 11 (integrado por Argentina, Brasil, Egipto, India, Indonesia,
Namibia, Filipinas, Sud Africa, Tunisia y Venezuela) y otros países en
desarrollo para aceptar un acuerdo en esa agenda.
Sin embargo, y pese al estrepitoso derrumbe de las negociaciones, es posible que
estas puedan continuar de algún modo probablemente en septiembre. Recién
entonces podrá reunirse el CNC (Comité de Negociaciones Comerciales) como para
revisar el estado técnico de las negociaciones, las cuales han quedado
políticamente casi en la nada.
Pascal Lamy ya anunció en su conferencia de prensa que muchos temas que se
"habían resuelto" durante la semana pasada y que algunos todavía faltan resolver
(literalmente él habló de "18 temas resueltos sobre 20, y de haber "tropezado en
el 19"...), y que los miembros tienen que finalizar lo más pronto posible.
La gran preocupación es el NAMA-11. El grupo ha quedado muy debilitado ahora.
Brasil abandonó el grupo y aceptó la propuesta realizada por Lamy el viernes
pasado. Esto significa que Brasil aceptó un coeficiente de 20 y menos cortes
sobre 16% del valor de importaciones. La posición de Brasil afuera del grupo
NAMA-11 es problemática también a raíz de los demás miembros.
A ello se suma que Brasil no fue el único que renunció al grupo. Filipinas y
Egipto también aceptaron las propuestas del viernes. India continuó apoyando el
NAMA-11, en particular con Sudáfrica y Argentina. Venezuela continuó su demanda
por las Economías Pequeñas y Vulnerables (SVEs en inglés) y fue apoyado por los
recién mencionados. Una posición que no quedó muy clara es la de Indonesia.
Túnez no estaba en las reuniones del grupo NAMA-11 entonces únicamente Sudáfrica
y Argentina fueron quienes tomaron una posición fuerte. Durante la
Mini-Ministerial hubo mucha presión sobre ellos para que aceptaran las
propuestas forzadas por el Director General de la OMC; pero no han aceptado nada
por el momento.
Expertos piensan que va estar muy difícil de tener un acuerdo de NAMA que sea
aceptable por todos los países en desarollo. Hay niveles demasiados dispares
entre la gran liberalización que exigen para los países en desarrollo y la poca
apertura que desean realizar los desarrollados. Para lograr un contrapeso sería
necesario relanzar el NAMA-11 antes de cualquier nueva conversación. La
situación de Brasil, que se abrió del grupo en forma individual, puede
perjudicar al resto y también desdibujar el propio rol de Brasil como un "lider"
sin ningún grupo más allá de Agricultura -donde además comparte liderazgos con
India, China, etc.-.
Un diario matutino argentino (La Nación) comentó una breve entrevista con el
Canciller Jorge Taiana, y respecto al alejamiento entre Argentina y Brasil de
posiciones comunes como socios de un mismo bloque regional (Mercosur), Taiana
respondió: "Esta fue una reunión donde se ha visto que hemos tenido puntos en
común en muchos aspectos y, en un momento importante de las negociaciones
adoptamos distintas posiciones. Son cosas que pasan. Esta no es la primera vez
que tenemos alguna diferencia y siempre hemos podido trabajar juntos.
Conversaremos. Dos países como la Argentina y Brasil, que participan en todas
estas manifestaciones en conjunto, siempre tendrán un diálogo. Tenemos que
aceptar que, a veces, tendremos diferencias."
Algunos primeros análisis sobre el fracaso del acuerdo sostienen que ocurrió
"por una propuesta relativamente desconocida y complicada para proteger a los
agricultores de los países en desarrollo de un aumento en las importaciones".
Nadie anticipaba que el mecanismo de salvaguardas especiales (SSM, por su sigla
en inglés) fuera un factor decisivo para el quiebre de las discusiones.
Un tema importante a considerar es que si la Ronda de Doha se suspende
indefinidamente, difícilmente pueda reactivarse: la agenda ha cambiado desde el
lanzamiento en el 2001 con el ascenso de China, la subida de los precios de las
commodities y las preocupaciones acerca del cambio climático, que antes no
figuraba en la agenda.
El hecho de que una nueva administración asumirá el año próximo en Washington
tras las elecciones de noviembre, los cambios en el 2009 en la Comisión Europea
y una probable elección en India en el futuro cercano también podrían establecer
nuevas prioridades para el intercambio comercial.
Este fracaso ocurrido en Ginebra ha dañado en una parte importante la
credibilidad del sistema multilateral y alentará una mayor dependencia de
acuerdos comerciales regionales (TLCs), políticamente más fáciles pero menos
beneficiosos en términos económicos que un acuerdo global. No obstante, ello era
algo no sólo ya previsible sino que venía ocurriendo tras 7 años de una
negociación sin resultados claros.
Otras de las consecuencias posibles -y que a diferencia de un aumento en la
cantidad de TLCs, hace poco que venía dándose- es un aumento en las demandas
comerciales dentro del sistema de solución de diferencias de la OMC. Esta
consecuencia también era algo previsible ante un eventual fracaso de la Ronda.
No se trata de algo necesariamente malo: denota un nivel alto de especulación de
todos los países miembros de la OMC que aguardaban el resultado de las
negociaciones en curso para evaluar si les resultaba conveniente o no efectuar
reclamos jurídicos. Nadie toma esto como un tema de principios o de necesidades
(en tal caso de los productores nacionales), es un tema de conveniencia.
Se estima que el fracaso de la Mini-Ministerial no tendrá un impacto inmediato
sobre los flujos del comercio, dados los largos períodos de implementación de
las medidas en discusión, normalmente cinco años para los países desarrollados y
10 para las naciones en desarrollo, pero hasta 14 años para China. Esos han sido
plazos decididos más allá de la existencia o no de una Ronda. Pero el fracaso de
este mes podría perjudicar la confianza empresarial, más cortoplacista y de
menor visión estratégica.
Algunos ya venían sosteniendo que un fracaso en la OMC ahora implicaba un
triunfo del proteccionismo a nivel mundial, con todas las alertas y lecturas
deliberadas sobre posibles repeticiones del proteccionismo como causa de una
nueva Gran Depresión. La incapacidad de cerrar un acuerdo para abrir aún más el
comercio elimina un obstáculo para el proteccionismo, pero también podría hacer
que, por temor, los funcionarios lo combatan de manera más firme. De hecho, se
trata de otro momento histórico, otras condiciones políticas y económicas, por
lo que la relación lineal de "proteccionismo = depresión", o bien
"proteccionismo = regímenes totalitarios" (nazismo, fascismo, estalinismo) son
lecturas que buscan un simplificación a fin de apelar a reacciones por temor y
no a acciones planificadas y razonadas.
Como hemos sostenido en artículos (ver revista Realidad Económica Nro. 223), el
papel de la OMC excede los simples acuerdos comerciales. Su principal papel
ahora bien podría ser el mencionado mecanismo de solución de disputas, actuando
como el árbitro del sistema comercial internacional, dentro de normas ya
acordadas con anterioridad a la Ronda de Doha: los acuerdos comerciales
existentes hasta el último pacto, la Ronda de Uruguay (1986-1994).
El ministro de Comercio de India Kamal Nath fue una figura clave en las
discusiones, luchando en forma intransigente por el derecho a proteger a
millones de agricultores de subsistencia de la pobreza ante los esfuerzos de los
países ricos por impulsar la "prosperidad comercial."
El director general de la OMC Pascal Lamy puso a China dentro de un central
Grupo de 7 naciones que trataron de encontrar un compromiso, reconociendo la
influencia del segundo mayor exportador del mundo.
Las conversaciones expusieron nuevamente las líneas de falla de la Unión
Europea, ya que el presidente francés Nicolás Sarkozy lideró la oposición a un
acuerdo emergente incluso cuando el comisario de Comercio europeo Peter
Mandelson intentaba negociarlo.
El resultado de todo esto ha sido un complejo tablero de situación. No causado
por el fracaso en sí, sino por las causas que venían ya dándose desde hacía 7
años. La Ronda de Doha nunca cumplió con su lema de ser "una ronda para el
desarrollo", pues nunca puso a los intereses pro-desarrollo en el centro de las
negociaciones. Simplemente se aproyechó de una coyuntura política determinada
(la resultante de los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de
septiembre de 2001) para lanzar en noviembre de ese año una nueva ronda de
negociaciones que no había podido ser iniciada en 1999 en Seattle por razones
muy similares a este fracaso 9 años después, a saber los conflictos de intereses
y un actor importante por fuera de las negociaciones: la sociedad civil, que
sostiene una participación activa en el proceso.
J. Echaide es abogado, docente e investigador
en temas de comercio internacional. Publicado en: javierechaide.blogspot.com el
30 de julio de 2008