
AMÉRICA LATINA 2008: ¿UN AÑO DE DEFINICIONES?
Eduardo Dimas
Dice el prestigioso periodista uruguayo Raúl Zibechi que el 2007
fue "un año bisagra", porque hubo muchos movimientos, reacomodos, avances y
retrocesos, que no produjeron definiciones políticas o económicas apreciables.
Por su parte, los reconocidos colegas Víctor Ego Ducrot y Pablo Ramos, de la
agencia APM, ven con relativo optimismo el desenvolvimiento político y económico
de la región en este año que ahora comienza.
Sin el ánimo de ser pesimista, me parece que por lo menos el crecimiento del
producto interno bruto (PIB) de la región puede verse afectado por la situación
del resto del mundo, en especial si tiene lugar una recesión de cierta
envergadura en Estados Unidos, tal y como se viene anunciando.
En cuanto al aspecto político, la región acumula, cierta cantidad de tensiones
que pueden provocar algunas situaciones difíciles, incluso graves, en los casi
12 meses que faltan para el 2009.
Pienso sobre todo en Bolivia, donde el enfrentamiento político entre la
oligarquía y el gobierno de Evo Morales puede llevar a una secesión de la
llamada Media Luna, a una guerra civil o un golpe de estado o, en su defecto, a
una radicalización del proceso que encabeza Evo Morales. Eso dependerá de la
actitud que asuma el pueblo boliviano, en especial el indio.
Pero, vayamos por parte. Durante el 2008 asistimos a nuevos pasos en la
integración latinoamericana, con la creación del Banco del Sur por 7 gobiernos
--algunos de ellos los de mayor PIB de la región--, con el fortalecimiento de
entidades como PetroSur, PetroCaribe y el Mercado Común del Sur (MERCOSUR).
Sin embargo, no fue posible el ingreso de Venezuela como miembro pleno, a pesar
de las presiones de los gobiernos de Argentina y Uruguay y del propio Lula Da
Silva. La derecha oligárquica del Parlamento brasileño se ha negado a aprobarlo,
luego de que ya fuera ratificado por los de Argentina, Uruguay y Paraguay.
Es indudable que el ingreso de Venezuela le daría un mayor auge económico e
independencia, pues tendría garantizado el abastecimiento de petróleo por
decenas de años. Son las diferencias políticas y las presiones de la Casa Blanca
las que han demorado la aprobación y lo mismo pudiera ocurrir en Bolivia y
Ecuador.
En el aspecto económico --y también político-- al margen de los avances en la
integración, tuvimos la oportunidad de vivir las diferencias de puntos de vista
con respecto al futuro de América Latina.
Venezuela, Bolivia y Ecuador toman un rumbo nacionalista y hasta socialista en
su desarrollo económico. Algunos como Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil
mantienen sus principios de libre empresa --en cierto sentido nacionalista--,
con críticas al modelo neoliberal y determinadas políticas independientes de los
centros de poder económico mundial, en especial Estados Unidos.
Otros como Chile, Perú, Colombia y la mayor parte de Centroamérica, con
excepción de Nicaragua, prefirieron estrechar los vínculos con Estados Unidos a
través de la firma de Tratados de Libre Comercio (TLC). México lo firmó hace
muchos años. Las negociaciones con la Unión Europea avanzaron, pero no con la
velocidad que quisieran los dirigentes europeos.
El MERCOSUR firmó un acuerdo de libre comercio con Israel, algo que llamó la
atención acerca del poder que tienen las transnacionales sobre el comercio de
sus miembros (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay), pues rubricar un acuerdo
de ese tipo con Tel Aviv es lo mismo que hacerlo con Estados Unidos.
Es decir, que la mayor parte de los gobiernos de América Latina tienen una
visión neoliberal del futuro económico de sus países. Eso, desde luego,
fortalece la posición de Estados Unidos, de las oligarquías nacionales y es un
elemento contrario a la integración regional. Es, sobra decirlo, una visión
clasista e ideológica, que no prevé el desarrollo interno y que prefiere
mantener a América Latina bajo dominio imperial.
En los últimos años, la región ha tenido importantes crecimientos de su PIB,
como resultado de los altos precios de las materias primas que exportan. Eso ha
permitido cierta mejoría económica en los sectores más pobres de la población.
El número de personas por debajo de la línea de pobreza ha disminuido, según la
Comisión Económica para América Latina (CEPAL).
Pero lo cierto es que la mayor parte de la riqueza obtenida ha quedado en manos
de las transnacionales y las oligarquías. Varios países han incrementado sus
reservas en dólares, depositadas en el exterior, de forma espectacular, sin que
sus pueblos hayan tenido cambios sustanciales en sus niveles de vida.
La pregunta que cabe hacerse es qué ocurrirá en caso de que la anunciada
recesión económica en Estados Unidos tenga lugar y con ella el resto del mundo
(China, India, Japón, la Unión Europea) no tenga necesidad de tantas materias
primas (commodities) y los precios bajen, algo perfectamente posible.
Depender del precio de las materias primas no es exactamente saludable para las
economías subdesarrolladas, pues están expuestas a los vaivenes del mercado en
las grandes potencias. Además, la mayor parte de las reservas de los países
latinoamericanos están nominadas en dólares. ¿Qué sucederá con ellas si la
moneda norteamericana sigue bajando como algunos economistas prevén?
Creo que es evidente que el crecimiento económico que ha vivido América Latina
en los últimos años puede terminar pronto y, con el aumento de la pobreza, se
acrecentarían las contradicciones internas que han sido atenuadas, pero no
eliminadas.
La lucha por reivindicaciones económicas y sociales se da hoy día en Perú,
Chile, Brasil, Paraguay, Argentina, Colombia y en la mayoría de las naciones
centroamericanas y México. O sea, que no es posible descartar que el 2008 sea un
año de fuertes conflictos sociales y, también, de un aumento de las acciones de
las oligarquías y de Estados Unidos con vistas a frenar los movimientos
sociales.
Les hablaba al principio de este artículo de Bolivia y de los posibles
escenarios políticos en ese país en el 2008. Es factible pensar que en Venezuela
y Ecuador se puedan dar acciones desestabilizadoras promovidas por las fuerzas
que se niegan al cambio. De hecho están ocurriendo ya. En todos los casos es el
mismo plan que utilizaron contra el gobierno de Salvador Allende en Chile, con
algunas variantes y matices, desde luego.
Y tampoco es posible olvidar que este es un año de elecciones en Estados Unidos
y el último --si Dios quiere-- de W. Bush en la Casa Blanca. Es muy probable que
quiera obtener un éxito en América Latina para suavizar la larga cadena de
fracasos que ha cosechado en sus 7 años de gobierno.
Así, pues, si el 2007 fue "el año bisagra", el 2008 puede ser un año de
definiciones. De "puertas" que se abran hacia la integración, el desarrollo y la
independencia de América Latina. Pero, también, de puertas que se cierren e
impidan que la región continúe por el camino que más le conviene.
Eso dependerá, como les decía en el caso de Bolivia, de la posición que tomen
los pueblos de América Latina que, en los últimos años, ha dado muestra de una
toma de conciencia que lo ha llevado a derribar gobiernos, expulsar
transnacionales, impedir golpes de estado y luchar por sus verdaderos intereses.
El tiempo dirá.
Publicado en www.progreso-semanal.com el 21 de mayo. Reproducido en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.