
Crisis financiera de los Estados Unidos y sus impactos en el mundo
Joachim Becker
La crisis actual tiene dos aspectos. Por un lado, está la crisis financiera
de los EE.UU., y por otro lado, hay desequilibrios internacionales muy grandes
entre países con un déficit importante en la cuenta corriente como los EE.UU. y
naciones con un superávit muy grande como China, Alemania y Japón. Los dos
aspectos están estrechamente vinculados.
Esta doble crisis tiene sus raíces en los modelos económicos dominantes. En los
Estados Unidos, la política económica ha favorecido la acumulación financiera.
Ya en el año 2000, estalló una burbuja en la bolsa, el telecom bubble. Sus
consecuencias fueron sorprendentemente limitadas. No obstante, la burbuja se
desplazó hacia el sector inmobiliario. Los precios inmobiliarios crecieron más
de 7% por año desde 2002 (e inclusive más de 10% desde 2004). Se ofrecieron
créditos con criterios cada vez menos rigurosos. Surgió el segmento de créditos
para gente con bajos ingresos y sin activos. Se llamaron los créditos NINA (no
income, no assets en inglés). Cuando los precios dejaron de crecer, quedó cada
vez más claro que muchos deudores no eran capaces de pagar los intereses y el
principal de sus créditos.
La crisis inmobiliaria es un síntoma de un mal más amplio. El crecimiento de los
EE.UU. estaba basado en consumo a crédito. El ahorro de los hogares
estadounidenses es cero. Hubo años en que los gastos de consumo superaron los
ingresos. Un modelo con estas características no es sostenible a largo plazo.
Además, estaba basado en importaciones de mercancías y de capital. En 2006, el
déficit de la cuenta corriente llegó al 6,6 por ciento del PBI. Los EE.UU. son
el importador más importante de capital en el mundo. En el año 2002, ese país
fue responsable del 76% de las importaciones de capital a nivel global.
Los impactos de la crisis financiera
La crisis se expandió por dos canales: el contagio y las exportaciones; no quedó
limitada a los créditos inmobiliarios. Los créditos fueron transformados en
títulos y vendidos a otros bancos. Los problemas pasaron entonces a muchos otros
bancos, especialmente en Europa, donde varios sufrieron pérdidas enormes (por
ejemplo, UBS, Deutsche Bank, Saechsische Landesbank-Girozentrale). Por lo tanto,
también el mercado inter-bancario se ha visto muy afectado por la crisis.
En algunos países el modelo económico se basaba igualmente en el sector
financiero y/o inmobiliario. Por lo tanto, países como Gran Bretaña, España o
Irlanda sufren una crisis la cual es más bien estructural que coyuntural.
Un segundo grupo, se ve afectado principalmente por vía de las exportaciones.
Por un lado, países como Alemania, Japón y China que se destacan por un fuerte
mercantilismo, es decir una política económica que privilegia al superávit de la
balanza comercial, pertenecen a este grupo. Por otro lado, exportadores de
materias primas como muchos países latinoamericanos también sufren de la
desaceleración de consumo en los países del centro a través de una
desaceleración de sus exportaciones de materias primas. Para muchas materias
primas, el boom de los precios puede fácilmente revelarse como efímero. Pueden
considerarse como una excepción parcial el petróleo y el gas, donde se perfila
un lento agotamiento al horizonte. Por lo tanto, una tendencia fundamental hacia
el alza de los precios energéticos puede estar en marcha, lo cual no excluye que
puedan existir altibajos coyunturales.
Existe un tercer grupo todavía más vulnerable. Son países con un crecimiento
financiado a crédito externo y con un déficit muy grande en la cuenta corriente.
Su fragilidad financiera se agudiza por la desaceleración de las exportaciones.
Además, es muy probable que los inversores financieros vayan a prestar más
atención a la fragilidad de sus cuentas externas. Varios países de Europa del
Este muestran índices de un crecimiento muy rápido de su deuda externa y de su
déficit en cuenta corriente. Se trata especialmente de países con un "currency
board" al estilo argentino o una política cambiaria muy rígida, y una posición
relativamente periférica en la división de trabajo europea. En 2007, Letonia y
Bulgaria padecieron de un déficit de la cuenta corriente que superó el 20 por
ciento del PBI, lo cual es más de cuatro veces la cifra de 5% que normalmente ya
se percibe como riesgosa. En dos países bálticos, el crecimiento económico ya se
redujo de una manera brutal. El rating de crédito ya fue bajado, las tasas de
interés crecen. La situación de Turquía y - en menor grado - África del Sur
parece frágil. En estos países, una crisis al estilo de los noventa no se puede
excluir.
La política económica frente a la crisis
La respuesta a la crisis financiera en el centro ha sido bastante diferente a
las recetas adoptadas durante las crisis en la periferia. Mientras que se
impusieron un alza de las tasas de interés y una política fiscal muy restrictiva
en la periferia desde Brasil a Corea del Sur, los Bancos Centrales de los EE.UU.
y de la Unión Europea inyectaron mucha liquidez en el sistema financiero. Los
Estados Unidos redujeron la tasa de interés fuertemente y adoptaron políticas
fiscales expansivas. Hubo salvataje de bancos, algunos fueron inclusive
estatizados. Es decir, la respuesta a la crisis ha sido básicamente keynesiana.
Sin embargo, la Unión Europea ha sido más restrictiva que los Estados Unidos.
Entonces, hay matices diferentes en la reacción a la crisis. Mientras que hay un
debate incipiente sobre una regulación más rigurosa del sistema financiero, las
medidas de la política económica no han tocado los problemas de fondo.
Tampoco se enfrentaron los desequilibrios en las cuentas corrientes de una
manera sistemática y, exceptuando unos países, no se han tomado medidas contra
la inestabilidad de las tasas de cambio. La depreciación del dólar incentivó las
exportaciones a varias regiones del mundo, pero no toca al comercio con China.
El gobierno chino solamente permitió una ligera apreciación del yuan respecto al
dólar (19% desde 2005) lo cual ha sido insuficiente para reducir el enorme
superávit de China frente a EE.UU. Las importaciones baratas desde China han
sido uno de los sustentos del modelo de sobre-consumo de los EE.UU. Por lo
tanto, la posición estadounidense respecto al comercio con China ha sido
ambigua. Un acuerdo sobre el realineamiento de las tasas de interés y una
reducción de los desequilibrios comerciales globales no parece posible sin
China. No obstante, los flujos comerciales son meramente una parte de la
ecuación. La otra parte son fondos colocados en los Estados Unidos. China ha
invertido muchos fondos en los EE.UU. Por la lenta depreciación del dólar frente
al yuan, los activos chinos en los Estados Unidos ya han sufrido una
depreciación en términos del yuan. Con una revaluación del yuan eso fondos
serían devaluados aún más. El gobierno chino ha comenzado reorientar la
estrategia hacia el mercado interno.
Una reducción de los desequilibrios comerciales cuestionaría tanto los modelos
neo-mercantilistas como los modelos de sobre-consumo. En los dos casos, una
revisión del modelo implicaría una revisión de la política salarial. En el caso
de los países neo-mercantilistas, salarios más altos y una distribución del
ingreso más igualitaria seria necesaria para colocar más productos en el mercado
interno. En el caso del sobre-consumo, solamente salarios más altos pudieran
sustentar el consumo de las capas de ingreso bajo.
La crisis financiera es un síntoma de la erosión de la posición dominante de los
Estados Unidos. Washington ya no puede reaccionar frente a la erosión de su
posición en la manera en que lo hiciera a fines de los años setenta cuando subió
bruscamente las tasas de interés. Por el momento, la morosidad del sistema
financiero estadounidense es tan grande que una medida como esa no es
aconsejable. Además, el euro es un competidor más fuerte para el dólar de lo que
era el marco alemán (deutsche mark). No obstante, el euro enfrenta sus propios
problemas. Las reglas monetarias del Banco Central Europeo son demasiados
rígidas. El desarrollo dentro de la Unión Europea es muy desigual. Hay enormes
desequilibrios comerciales dentro de la Unión Europea. Mientras que Alemania
tuvo un superávit de 5,1% en la cuenta corriente en el año 2006, varios países
de la zona euro mostraron un déficit de alrededor del 10%. Para varios países
miembros de la UE fuera de la zona euro, los déficits son todavía peores.
La crisis todavía no es resuelta…
Joachim Becker, es investigador asociado en CLAES/D3E y profesor de la Wirtschaftsuniversitaet Wien y analista del Institute for Studies in Political Economy (IPE) en Viena (Austria). Publicado en 15 de agosto de 2008 . Se permite la reproducción del artículo siempre que se cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones.
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